Un cuento sobre acaparamiento y especulación

Año 1997, yo tendría siete años y mis padres un popular comercio de víveres, en La Asunción. Eran tiempos de crisis, los noticieros no paraban de hablar de la inflación y la inseguridad. El país era un desastre, supongo, pero a la familia le iba bien.

I

El mantenimiento del comercio depende únicamente de ellos dos, por lo que, mientras mi madre se quedaba en la caja y acompañando a los empleados, mi padre me llevaba con él a manejar las compras para la reposición de mercancías.

En una de esas, fuimos a varios concesionarios de vehículos para buscar una camioneta. Él estaba enamorado de la Daewoo Damas, 0 km, que vio en la Losan Motors de la Circunvalación. Estaban de moda, las coñitas. Afortunadamente mi madre lo convenció de que ese carrito de juguete no le iba a servir para el trabajo. Quizá se equivocaba, el año pasado aún vi Damitas rodando por ahí.

Al final, terminó comprando una Chevrolet Cheyenne 94, usada (y con el parabrisas partido, la recuerdo), la cual le costó en ese entonces 7 millones de bolívares, según los giros que encontré hace no mucho.

La compra de la pick-up tenía un propósito: En el Monza de la familia no era sencillo cargar mercancía, y por alguna razón mi padre prescindió de los proveedores habituales. Mi padre iba a abastecer el negocio por su cuenta.

Para ello, mi padre iba a comenzar a visitar, cada semana, varios establecimientos. Pollos y Embutidos La Caridad, Central Madeirense Jorge Coll, y el Unicasa del AB.

Mi padre entraba a los supermercados anteriores, seleccionaba unos productos, iba a Atención al Cliente, y de ahí mandaban a un empleado a cargar bultos, en la pick-up. Papel higiénico, pacas de harina, bultos de harina de trigo, de leche en polvo, de leche líquida, de aceite comestible, por decir algunos. Otras cosas las agarrábamos nosotros.

Luego, pasábamos por caja, y pagábamos. Con efectivo, y con los mismos cestatickets con los que le pagaban en el abasto, que cobrarlos se había vuelto tedioso.

No sólo eso. Al comprar al mayor, recibía un descuento en los productos. Y al pagar por caja, con su factura reclamaba decenas y decenas de cupones para las promociones y rifas que, en esos años, abundaban en los supermercados.

Nunca ganó nada, lástima. Eso si, el abastecimiento del pequeño abasto pueblerino con productos de supermercados era todo ventajas.

Tan es así, que no pocas veces nos encontrábamos con chinos, en el mismo plan de mi padre, para abastecer sus propios comercios.

Hablamos de cientos y cientos de unidades de productos de la cesta básica, saliendo de ese supermercado, en manos de mi padre, y de decenas de comerciantes como él, de toda la isla.

Y los supermercados nunca se quedaban sin existencias. Y nunca nadie nos culpó de ninguna desgracia nacional. Y esta práctica no privó a nadie de su derecho a la alimentación.

Ganaba el pueblito, que era abastecido. Ganaba mi padre, ganaban los gerentes de los supermercados, la economía se mantenía en marcha. Había producción, para darse esos lujos.

Había producción.

II

Pero como el venezolano promedio es pajúo y especialmente corto de memoria, hoy nos encontramos con muchos presuntos opositores que no tienen idea de lo chavistas que son, culpando de sus desgracias a los bachaqueros.

Al venezolano no se le ocurre, que de repente la escasez tiene su orígen en todas las tierras y empresas que han sido arrebatadas a sus dueños, por un capricho ideológico de mierda, fuertemente aplaudido por esos miserables que hoy bachaquean.

No le pasa por la mente que de repente la nacionalización de la mayor papelera del país en 2004 tenga algo que ver con la escasez de papel de oficina y de baño…

O que la de café, quizá sea algo relacionado con la expropiación de las más grandes procesadoras de café de Venezuela…

O que el azúcar falta porque 10 de los 16 centrales azucareros del país están en manos de los incompetentes de mierda que están logrando que el paludismo, una enfermedad del siglo pasado, esté resurgiendo.

Nada, la culpa es de los bachaqueros. Todo está bien, todo está del carajo, pero es que mientras nosotros no cambiemos… Papá Estado no está para todo… Ni siquiera para cumplir su función, por lo visto.

Los bachaqueros no me despiertan ninguna simpatía. Los he visto, he visto sus rostros, sus gorras y franelas rojas, sus gritos gobierneros, su marginalidad en flor. En los bachaqueros está el grueso de la votación chavista, gente beneficiada directamente de la ineptitud de sus líderes, gente cuyo rentable trabajo consiste en ser marginal (lo cual es su único talento), y quedarse con el margen de ganancia.

Pero eso no me va a poner a repetir, como un idiota, las excusas baratas que suelta el Gobierno, en el marco de su guerra económica.

Colombia no se mete con sus productores. Colombia produce sus propios alimentos. Los alimentos venezolanos en Cúcuta no representan nada para una economía sana.

La frontera colombo-venezolana no es la única en el mundo que es atravesada por cientos de personas al día, buscando aprovecharse de la diferencia de precios. Nosotros mismos íbamos a Colombia a traer calzado y pantaletas, para venderlos acá y aprovechar el diferencial. Hablamos de aquellos días donde el Bolívar era una moneda seria, cambiable, y muy por encima del Peso colombiano. Nadie desde aquel lado dijo un coño nunca, nunca en Colombia hubo escasez de pantaletas y zapatos.

Hoy en Venezuela escasea hasta el oxígeno, y a pesar de que desde agosto del año pasado se cierran las fronteras con Colombia de noche, todavía te toca llevar sol en una cola de mierda para mendigar por dos unidades del producto que te falta.

¿Sabes dónde si han escaseado los productos más básicos? En el Chile de Allende, en la Cuba de los Castro (y del Ché como Ministro de Industrias), en la Rumania de Ceaușescu y en la URSS. Todos, siguiendo a cabalidad el cáncer ideológico que insisten en sostener en Venezuela. Todos, como resultado de la expulsión del sector privado y del control del Estado (y de los obreros) sobre los medios de producción.

Pero fino, si aún quieres seguir echándole la culpa al humo que el Gobierno te tira, adelante. Campeón. Como sigan así, me cambio la residencia sólo para votar rojo y poner mi granito de arena para que su utopía siga en marcha.

Idea millonaria: Me voy a poner yo a comprar litros de leche a 25 pesos, y a venderlos en algún puesto informal en la 18 de Julio, a $100. Así me hago millonario de la noche a la mañana, sin trabajar, mientras desestabilizo al gobierno izquierdoso de este país ¿eh? seguro funciona.

La foto que ilustra a esta mamarrachada de artículo es de La Patilla, pero no es que ellos sean muy respetuosos de los derechos de uso que digamos. 


4 thoughts on “Un cuento sobre acaparamiento y especulación

    1. Mi padre era uruguayo, por lo que arreglar mi situación legal fue mucho más sencillo. Esto incluso para los que no son nacionales uruguayos.

      Pero Uruguay es uno de los países más caros de la región, si sacamos a Venezuela de la lista.

  1. Hola, desde finales del año pasado soy un habido lector de tus posts, me encanta saber que alguien piensa exactamente como yo, q “salvar” el pais sencillamente no vale la pena, que lo que nos jode es nuestra cultura del mas vivo, del irrespeto a las leyes, del derecho de los demas, falta de valores,. Los que mas me gustan son “mi experiencia en Weston” y “No existe un pais de mierda sino gente de mierda en un pais maravilloso” ya que expresan una verdad que no nos gusta ver, que los venezolanos no somos buenos ciudadanos, que somos corruptos (en el verdadero sentido de la palabra) y sobretodo nos nos gusta sentirnos Nepotistas sin remedio, tanto es así que inventamos una palabrita magica, “Palanca” para no vernos en el espejo.
    Los que se devuelven con las tablas en la cabeza desde USA, Canada o Europa siempre vuelven con el mismo cassette: “Esos gringos son muy jodios”, “Esa gente es muy estricta”, “alla solo se vive para trabjar”… etct, etc, etc. y no se dan cuenta de que no es que alla se trabaja mucho, es que aki casi no se trabaja, la gente (especialmente aquellos malparidos que se ponen una franelita Roja) estan acostumbrados y seguiran acostumbrados a que papa gobierno les de todo, estan acostumbrados al “ay, que bueno, el gobierno me dio mi casita”, y no se dan cuenta de que en realidad ellos deberian tener un trabajo y unas finanzas que les permitan comprar su propia casa, se alegran de que el gobierno coloco estos nuevos buses,”si son comodos”, “Gracias a la revolucion”, etc. y no se detienen a pensar que ellos deberían tener sus propios carros, son felices con la misiones y sencillamente no ven que tuvieron una oportunidad de Oro al estudiar en programas como ACUDE o tener una casita del INAVI en la 4ta republica, porque tienen memoria no solo a corto plazo sino bastante selectiva. No saben que en USA Richard Nixon iba a ser juzgado por un juez de paz, solo por estar espiando a la oposcicion mientras que aqui le pinchan el telf a medio mundo y nadie dice un coño y hasta lo ponian en “la Hojilla”, no importa si el barril esta a 4$ o 100$ la mentalidad de mediocre, lo bruto, lo corrupto y conformista del venezolano no van a cambiar. La gente deberia exigir que le reparen el carro cuando se daña de tantos huecos el tren delantero, pero simplemente no lo hacen porque saben que no les servira de nada, independientemente de quien sea presidente no veo a Venezuela con un Ipostel que sirva, calles sin huecos, sin ranchos, sin carritos por puesto que son una chatarra (aca en Maracaibo les decimos asi), con bomberos bien pagados y dotados.
    Te felicito por tu logro, me alegra que te hayas ido de esta mierda que se jodio, aqui no nos quieren, los profesionales no somos bienvenidos.
    No podria estar mas de acuerdo con tu post “Cual es el peo?” siento en mi propio proceso migratorio que estoy huyendo del muro de Berlin, de Korea del norte o algo asi, lo unico que extrañare de Vzla sera mi familia, pues no vivo del calor humano, y aunque a veces gente que me ve sin pasaje de bus me lo paga, me dan la cola, pero no vivo del “Calor humano” no me interesa la vida del que va al lado mio en el bus, no quiero ponerme a conversar con nadie, quizas soy antipatico pero asi soy, y asi soy feliz, no quiero que la gente me trate como si ya me conociera.
    Exito en tu nueva tierra, que te vaya bien

    1. Muchas gracias, JuanJose.

      Aunque disiento en lo de los carros. Donde el transporte publico funciona (como acá), no hace falta dejar el sueldo entre nafta, mantenimiento y estacionamientos.

      Mucho éxito en Alemania. Tremendo destino.

Los comentarios están cerrados.