Banco Bicentenario ¡En Marcha!

Hay días en los que sentimos de cerca la Patria que nos legó el Comandante Chávez.

Hoy, en mi trabajo, planifiqué el día perfecto: Salgo de cabina, voy al Bicentenario del centro comercial más cercano a cobrar mi cheque de quincena, bajo una planta y deposito lo cobrado en mi banco, subo nuevamente para almorzar algo, y salgo volando a la tutoría de Trabajo de Grado. Tenía una hora y media para hacerlo todo, y todo lo bastante cerca para lograrlo.

A las 2:10 llego a la agencia del Banco Bicentenario. En la sala de espera de taquillas solamente hay tres personas esperando. Pido mi número en la máquina, y me revela que tengo solamente a cuatro clientes en espera delante de mi. Confiado, y ya casi viendo mis planes logrados antes de tiempo – a pesar de que solamente estaba una taquilla operativa – me siento a esperar mi turno.

Acto seguido, llega una persona pasada de los sesenta años. Pide su número de turno, de dos cifras, y al rato pasa, antes de todos los que estábamos allí. Fino, el sistema le otorgará prioridad a la señora, y luego continuará con nosotros.

Llega otra señora. Pide número, y pasa por taquilla. Van dos. pero ya que no hay nadie más esperando, me puedo permitir que pasen dos personas mayores primero. Hasta tres, chico.

Siguiente número, pasa una de las personas que estaban antes de mi – por depósitos. Habla la chica robótica del administrador de turnos: número ciento treinta y dele, módulo uno. Qué bueno, esto está caminando.

Llegan clientes, y piden número para depósito. Pasan antes que nosotros.

Llega una Lila Morillo que salió de la oficina del Gerente, pasa por taquilla sin número en mano… No hay apuro, vale. Aunque la chica antes de mi empieza a desesperarse: Veinte minutos llevo yo aquí, y lo que tenía era a dos personas por delante. No puede ser…

Siguen saliendo números cuarenta y dele y ciento treinta y dele. Nada que ver con los cuatrocientos, serie a la cual estaba asignado. Van diez personas que pasan antes que yo, habiendo llegado recientemente. En eso logra pasar la chica, quien ya estaba visiblemente molesta. Si yo fuera ella, habría estallado cuando el cajero le puso peros a su cheque, teniendo que irse luego de haber desperdiciado media hora de su vida en un banco donde sólo habían dos personas esperando delante de ella.

Saliendo la joven, llega una señora bastante mayor en silla de ruedas. Maldita vieja de mierd… es lo primero que me llega a la mente. Seguro ella saldrá en cinco minutos y yo clavado aquí, como un güevón. Luego caigo en cuenta de lo obvio: la pobre señora no tiene nada de culpa. Ella desgraciadamente tiene que hacer ese enorme sacrificio con su hijo para poder cobrar su pensión, la cual seguro se esfumará en las primeras dos medicinas, de las muchas que seguramente debe tomar para alargar su sufrimiento por unos años más.

Son las dos y cuarenta, y todavía no podía creer que seguía en el banco. Abren dos cajas más, de las cuales una sólo llama a números de depósito, y la otra es la taquilla pa’ los panas: Gente que llegaba y de una vez pasaba por allí, irrespetando al ahora gran número de personas esperando.

Entra otra señora, agarra su número de dos cifras. La cajera de una panadería cercana, que está sentada al lado mío, nota mi tensión y me pregunta el número. Le explico mi situación de forma más o menos detallada, para que al terminar de exponer mi punto me diera cuenta de que a lo largo del cuento que le eché, mi voz se fue tornando cada vez más agresiva. Tomo un buen bocado de aire y me reclino en la silla de espera.

La señora que acababa de entrar – la cual caminaba hacia donde estaba yo y se detuvo en lo que hablé – se dirigió hacia mí, quizá en tono de habitual burla – o al menos eso es lo que de pana espero: No se enoje, señor, que para eso tenemos una patria graaande y bella. Me reí con cierto aire psicótico que me desagradó bastante.

Dos y cincuenta de la tarde. Un señor que llegó a mi serie después de mi empieza a mostrarse ofuscado. Parece que nos tienen olvidados, este sistema no sirve. Le digo, a lo mejor para chapear, que ya yo iba para una hora de espera, teniendo a tres personas por delante. Y seguimos esperando, pasivos.

Número cuatrocientos treinta y uno, módulo 2…
Número cuatrocientos treinta y uno, módulo 2…
Número cuatrocientos treinta y uno, módulo 2…
…Número cincuenta y dele, módulo 2.

Banco Bicentenario
Turno: 14:10… Clientes en espera: 4… Hora: 3:03…

El guachimán se voltea, saco el teléfono, y tomo esta foto a duras penas, con la mano temblando entre la arrechera y el apuro para no ser descubierto. No, es que esto hay que conmemorarlo, le digo al señor que me acompaña en el deber patrio de mamarnos el güevo que la Revolución decida ponernos en la boca.

Pero mi espera acabaría pronto. A las 03:07, a tres minutos de cumplir una hora como el cuarto de la fila, suena la voz femenina tumbapalo del administrador de turnos. Me tocó el módulo tres, el que antes fungió como la taquilla preferencial para los compinches.

De paso, el muy animal aspiraba entregarme un billete de 100 con un tirro. Sé que ese billete de mierda no vale un coño, pero la máquina de depósitos de mi banco no acepta billetes tan malogrados. Salí de la agencia luego de la hora y pico, corriendo a agarrar mi bus para la universidad, con el estómago vacío y el riesgo de perder toda mi quincena – que tampoco es que sea mucha – si a alguno de los mamagüevos de las taquillas le daba por resolver su sueldo cantándole la zona a algún malandro.

-o-

No entraré en detalles sobre las posibles causas, consecuencias y soluciones ante el desperdicio brutal de mi tiempo que experimenté hoy, no me interesa. Tampoco me pondré a hacer analogías para llegar a conclusiones cliché sobre el por qué estamos como estamos. Sólo sé que este país de mierda agarra mis planes, los escribe en papel de reciclaje – probablemente planillas descartadas de CADIVI – los arruga para que queden suavecitos y porosos, y se limpia bien el culo con los mismos, poniendo buena cara a la escasez de papel toilet. Pero debo sonreír, coño, porque tenemos una patria grande y hermosa.

Que se joda esta patria, así grande y hermosa como está. Que se siga hundiendo en el mar de mierda donde flota, no merece mucho más que eso.


5 thoughts on “Banco Bicentenario ¡En Marcha!

  1. Excelente artículo, terrible nuestra situación, identificación plena con tus palabras y la rabia / frustración es la misma. Así vivimos día a día, me ha pasado más de una vez en el mercantil exactamente lo mismo, esperas prolongadas para que los planes de uno salgan como uno quiere.

  2. Comparto tu experiencia. Yo que soy un perfecto anticolas, tuve que hacer una a petición de familiares cercanos en un Unicasa, por leche en polvo más que todo.

    Había una gente barriotera (se les veía en el aspecto y en cómo hablaban), que habían pasado más de una vez, y a pesar de que varios usuarios ya los habían denunciado, igual siguieron pasando (una gorda horripilante de ese grupo de coleados amenazó a un policía y este no le hizo nada).

    Cuando me iba a tocar pasar, ya se había acabado todo. Dos horas y media perdidas, pero me desquité previamente pegándole a una de las locas coleadas una lata vacía en la cabeza (nadie me delató XD) y dejarla picadísima averiguando quién fue. Luego, esa gentuza partío a un Locatel cercano al Unicasa (estaban ubicados en el mismo centro comercial) y gritaron a viva voz que iban por más leche. Los ubiqué, le saqué una foto al grupo entero y se la mostré a uno de los administradores de Locatel para que no les vendieran nada, hasta señalé a una de ellas que entró a hacer reconocimiento.

    1. Leonardo Padrón, quien no es santo de mi devoción pero no le puedo quitar algunas cosas, dijo en un articulo reciente una frase corta pero bien certera, al referirse a la Venezuela de hoy: Nuevos millonarios, y peores pobres.

      En ese entorno uno nunca terminará de encajar sin sacrificar principios.

  3. Y es de lamentar que no solo en un banco del gobierno sucede eso, es igualito en prácticamente todos los organismos gubernamentales que existen!! aquí hacer cualquier tramite es perder un día, y eso sin contar con que aveces te piden hasta la partida de nacimiento de la bisabuela del abuelo de la tía de uno!! para cualquier simple tramite…

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