Una Visita al Doctor

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Texto publicado originalmente en PanfletoNegro

Buenos días, señor.

– Buenos días, doctor.

– Bueno, llegaron los resultados de sus exámenes. Lamento informarle que, tal y como lo sospeché, usted padece de obesidad mórbida -lo cual es obvio-, de diabetes tipo II, de cirrosis compensada…

– ¡Basta! Todo eso que usted me dice ha sido calculado en escalas sanitarias neoliberales, que no se corresponden a mi estilo de vida revolucionario.

– ¡Pero si lo que le digo es gravísimo! Seguro usted lo nota en su día a día, los constantes mareos y desmayos, su cansancio al caminar, todas las cosas que antes pudo hacer y ahora no…

– No es mi culpa. Todo es una guerra sanitaria ejecutada por la derecha.

– ¡Qué derecha ni que carrizo! Todos los síntomas que usted padece, son producto de un estilo de vida irresponsable. Yo llevo años diciéndoselo: Reduzca las grasas, bájele al alcohol, deje las chucherías… No lo digo yo, lo dicen cientos de estudios.

– Ah, pero qué mantequilla. O sea que yo debía seguir como antes, tomando mil medicinas a cada rato y privando a mi cuerpo de una vida digna. Le juro que jamás volveré a esos veinte años atrás, cuando ese doctor me dejó pasando hambre y…

– ¡Lo dejó pasando hambre, porque su dieta ya había sido lo bastante irresponsable, coño!

– ¡No volverán, chico! Aquellos días de zozobra, donde tenía que comer hasta perrarin…

– ¿Pero qué coños le pasa? Si la perrarina toda la vida ha sido más costosa que la harina… Mire, en fin. Aquí le tengo preparada una dieta que deberá seguir rigurosamente, a menos que quiera que se le empiecen a caer los miembros de la gangrena

– ¿Cómo? ¿Gangrequé…?

– Gangrena. La diabetes afectará la circulación de la sangre, y los tejidos sin abastecer empezarán a morir. Los pies, las manos, sus extremidades tendrían que ser amputadas si son alcanzadas por la ineficiencia de su cuerpo fallido.

– Ah, sí. Eso. Mire doctor, ya yo había pensado en ello, y tomé medidas serias al respecto, pero son medidas que llevan tiempo y usted debe comprenderlo. Mire, aquí tengo este remedio homeopát…

– ¿¡Homeopatía!? Usted me tiene que estar jodiendo…

– No, en serio. Es que el agua todo lo cura. No necesito esas fórmulas mandadas por el imperio para hacerme farmacodependiente.

– ¿Estoy leyendo lo que creo que estoy leyendo en la etiqueta? ¿Acaso ese no era el mismo “medicamento” que se tomó hace tres años? ¿El mismo que tomó hace veinte? ¿No se da cuenta de que no le está haciendo nada más que hacerle perder tiempo, dinero y oportunidad real para curarse?

– Usted puede decir lo que quiera. Estoy claro de que usted es un mercenario de la derecha, sometido a los intereses transnacionales de las farmacéuticas, dispuestas a tomar mi cuerpo como si fuera de su propiedad. No, señor. Este es un cuerpo digno que luchará hasta el final contra la guerra sanitaria que le tienen montada a mi organismo.

– ¿Guerra? ¡Es el reflejo de sus hábitos irresponsables, sostenidos durante todos estos años!

– ¡Ya basta! Me voy a mi curandero, estoy harto de soportar su constante injerencia sobre asuntos que solamente me conciernen a mi como individuo, dueño de mi propio cuerpo.

– Eso, váyase. Sígase comiendo al mundo, cuéntele a la humanidad lo excelente de su modo de vida, sea un ejemplo para el mundo entero. Adios, camarada.

– Hasta luego, tarifado de la derecha. Asistiré a su funeral bien sano y riéndome de su saludable dieta.